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Gasificación para descarbonizar el calor industrial

imagen planta

Artículo publicado en AVEBIOM el 26 de marzo del 2026.

Descarbonizar la alta temperatura industrial es, probablemente, uno de los desafíos más complejos de la transición energética. Sustituir el gas natural en hornos, calderas o secaderos no es sencillo, y las soluciones renovables deben combinar viabilidad técnica, estabilidad operativa y competitividad económica.

En ese terreno se mueve desde hace más de dos décadas Andrés Ponce, ingeniero mecánico y uno de los fundadores de WtEnergy Advanced Solutions en 2017. Su planteamiento es que la gasificación puede ofrecer una solución técnica para transformar biomasa y residuos complejos en bio-Syngas utilizable por la industria.

La empresa ha cerrado recientemente una ronda de financiación de 10 millones de euros liderada por SC Net Zero Ventures (Suma Capital), con la participación de Shell Ventures — que invierte por primera vez en España — y Cemex Ventures. 

“Nosotros ya estamos haciendo proyectos comerciales, pero necesitamos capital para sostener ese crecimiento”, explica Ponce. “Esta ronda nos permite acelerar el crecimiento y abordar todos los proyectos que tenemos en el pipeline”.

Los fondos se destinarán a reforzar el working capital necesario para ejecutar la cartera de proyectos comerciales en marcha, culminar el proyecto demostrativo de hidrógeno HYIELD (orientado a producir hidrógeno verde a partir de biorresiduos) y avanzar en modelos tipo ESCO que permitan invertir junto al cliente y reducir su exposición al CAPEX. “Queremos que el cliente pueda descarbonizar y ahorrar desde el día uno sin asumir toda la inversión”, resume.

Ponce comenzó a trabajar con gasificación en 2003, con el diseño y puesta en marcha de varias plantas —tres en España y una en Portugal —, de las cuales dos siguen en operación en el sector de las harinas cárnicas. Las otras dos generaban electricidad, pero el cambio regulatorio de 2012 en España hizo que este tipo de proyectos dejara de ser rentable.

“Ahí decidimos que no íbamos a hacer más nada que dependiera de una subvención al OPEX”, afirma.

Desde entonces, la estrategia se ha orientado al ahorro energético y a la sustitución térmica directa en procesos industriales, sin depender de primas eléctricas ni subastas.

Tecnología ideal para sectores intensivos en calor

Actualmente, la compañía tiene tres proyectos de gasificación en fase de puesta en marcha que deberían entrar en operación durante el primer semestre de 2026 en los sectores cárnico, papelero y cementero. Según Ponce, la gasificación ha demostrado capacidad para tratar fracciones que no siempre encajan en otras rutas. “En el sector de harinas cárnicas tuvimos un buen filón; es un combustible residual con altos contenidos de cloro o azufre, complejo de manejar”, explica.

En el sector papelero, la propuesta consiste en valorizar el rechazo del pulper junto con biomasa para generar vapor y sustituir gas natural. En cementeras, el Syngas producido por gasificación de CDR (Combustible Derivado de Residuos) se introduce en el horno mediante una línea de inyección adicional para reducir el consumo de coque de petróleo.

Es estos proyectos no se desmantelan las instalaciones existentes, sino que se añade un sistema en paralelo que permite sustituir entre el 50% y el 100% del gas fósil, según el caso. 

“Son proyectos de una circularidad muy importante, porque evitamos que el residuo vaya a vertedero y lo utilizamos como combustible para producir vapor y reducir consumo de gas natural y emisiones”, señala.

En este sentido, la regulación europea aprieta: en 2035 solo el 10% de los residuos municipales podrá acabar en vertedero. Aunque ese objetivo no se aplica directamente a los residuos industriales, marca una tendencia de fondo hacia la reducción del vertido y el impulso de la valorización. En España, todavía alrededor del 30-35% de los residuos municipales se deposita en vertedero, lo que anticipa una presión creciente para encontrar salidas también para fracciones industriales sin opciones viables de reciclaje.

Ponce considera que incrementar la incineración no debería ser la respuesta y defiende soluciones capaces de valorizar mezclas de biomasa y combustibles residuales allí donde el reciclaje no es viable y existe demanda industrial de energía térmica.

Qué aporta la gasificación frente a otras opciones

Durante años, la gasificación ha sufrido el descrédito de proyectos fallidos, especialmente cuando el Syngas se destinaba a motores de combustión interna para generar electricidad. 

“Lo que le hizo mucho daño a la gasificación no era tanto el gasificador, sino la limpieza del Syngas”, explica.

Los problemas asociados a alquitranes condensados y a variaciones en la composición del gas penalizaban la fiabilidad de los motores.

El Syngas producido mediante gasificación con aire, destinado a estos usos, presenta de forma orientativa entre un 10 y un 15% de hidrógeno, proporciones similares de monóxido de carbono y CO₂, alrededor de un 5% de metano y una fracción importante de nitrógeno procedente del aire, en torno al 50%. Se trata de un gas adecuado para generar vapor, fluido térmico o aire caliente.

En operación, Ponce destaca tres ventajas frente a la combustión directa. La primera es la flexibilidad frente a la variabilidad del combustible, clave cuando se trabaja con residuos heterogéneos; en ese esquema, gracias al tratamiento previo del Syngas, “la caldera no se ensucia tanto, no se corroe tanto… y tiene una vida útil más larga”.

La segunda es la gestión de alquitranes.

 “En los proyectos que estamos haciendo no hay alquitrán condensado. Hemos conseguido que no se condense”, señala.

El proceso está configurado para mantenerlos en fase gaseosa y oxidarlos junto con el resto del Syngas cuando se utiliza en calderas u hornos industriales.

La tercera es ambiental: Ponce asegura que no han detectado formación de dioxinas ni furanos

“Estamos por debajo de los límites de detección”, afirma.

Según explica, la configuración del proceso (gasificación en varias etapas seguida de una oxidación controlada del Syngas) evita las condiciones de temperatura y oxidación parcial que normalmente favorecen la formación de estos compuestos, incluso cuando se procesan residuos con alto contenido de cloro.

Tres vías de aprovechamiento del Syngas

WtEnergy Advanced Solutions plantea tres rutas de aprovechamiento del Syngas:

  • La primera, SynTH (Syngas to heat), está orientada a aplicaciones térmicas industriales. “Producimos el Syngas, lo limpiamos parcialmente y luego lo quemamos de forma controlada con baja formación de CO y NOx, sin escorias, para generar vapor o calor para diferentes procesos industriales”, explica Ponce.
  • La segunda, SynTK (Syngas to kiln), utiliza el Syngas como combustible en hornos industriales, como cementeras o caleras.
  • La tercera, SynTX (Syngas to X), busca un Syngas de mayor calidad, a partir del cual obtener moléculas como hidrógeno o metanol.

 

Para avanzar en esta última línea, la compañía participa en el proyecto demostrativo HYIELD, basado en gasificación de biorresiduos con vapor y oxígeno para obtener un Syngas con concentraciones de hidrógeno cercanas al 50%, alrededor de un 30% de CO y un 20% de CO₂, sin nitrógeno diluyente.

“El objetivo es demostrar la producción de hidrógeno verde a bajo coste, por debajo de 3 euros el kilo”, afirma, con la vista puesta en consumidores que hoy no pueden acceder al mercado actual, con precios entre 5 y 8 €/kg.

La empresa persigue un modelo de alcance local, “allí donde se necesite”, con tamaños de planta pequeños o medianos a partir de 10 MWt y recursos próximos, sin depender de hidroductos aún por construir. 

“No solo es hidrógeno; es producir un Syngas de alta calidad que luego pueda convertirse en otras moléculas”, como metanol o precursores para combustibles sintéticos.

Ponce reconoce además que es técnicamente posible producir metano sintético a partir de Syngas de alta calidad: 

“No hay ningún problema técnico. A partir de hidrógeno y monóxido hacer metano se hace desde hace décadas”. 

La decisión, subraya, depende del mercado y de los incentivos; por ahora ve mayor potencial en hidrógeno local y en síntesis de moléculas como metanol o combustibles sostenibles de aviación, donde el valor añadido puede justificar la inversión.

Qué hace competitiva la gasificación hoy

La gasificación permite también tratar materiales no fermentables, especialmente lignocelulósicos o fracciones complejas que no encajan en digestión anaerobia. 

“Ellos trabajan con materia orgánica fermentable; nosotros con la lignocelulósica”, resume al comparar con el biogás.

Dentro de HYIELD van a probar la gasificación de digerido seco y de determinadas fracciones bioestabilizadas de residuos municipales con pocas salidas distintas del vertido. 

“No queremos competir con el reciclaje ni con otras soluciones. Pero hay mucho material que necesita una salida”, insiste.

Las industrias con mayor potencial para incorporar gasificación son aquellas con alta demanda térmica y acceso a corrientes de biomasa o residuos: papel, química, cerámica, metalurgia o cemento. En muchos casos, el punto de partida es el coste de gestión. 

“Muchas veces la opción es pagar por vertedero o pagar por incineración. Nuestra opción es mejor económicamente que ir a vertedero”, resume Ponce.

A ello se suma el efecto del CO₂: 

“A medida que el CO₂ suba, va a haber más concienciación”.

También percibe un cambio en la actitud industrial: 

“Hace años tocábamos la puerta para explicarles que tenían un problema. Ahora muchas empresas saben que tienen que hacer algo. Algunas lo tienen claro. Otras todavía no saben qué solución encaja mejor”

La electrificación, añade, no siempre es viable “por temperatura o por capacidad de red”, y ahí el calor renovable gestionable gana terreno.

En términos económicos, Ponce insiste en que “quien marca realmente la viabilidad es el precio del combustible”. En biomasa, sitúa referencias habituales entre 20 y 28 €/MWh; en determinados residuos complejos, el coste puede ser muy reducido, en torno a 5 €/MWh, además del ahorro frente a la alternativa de vertedero o incineración.

Desde la óptica de la financiabilidad, el reto principal no es tanto normativo como de CAPEX y percepción de riesgo. Para reducirlo, la compañía apuesta por referencias sectoriales, replicabilidad y modelos de inversión compartida. “El cliente no tiene que hacer la inversión completa. Podemos invertir junto a él y que empiece a ahorrar desde el día uno”, explica. El tiempo de maduración de un proyecto industrial suele estar entre uno y dos años, aunque “hay empresas que saben que lo van a hacer, pero todavía no ven la urgencia”.

Ponce reconoce que la aceptación social también pesa cuando se habla de residuos. 

“Es normal que la gente se ponga nerviosa cuando oye la palabra residuo”, admite, y defiende transparencia sobre el proceso, la monitorización y los límites de emisiones.

Para WtEnergy Advanced Solutions, el bio-Syngas es una herramienta versátil: puede sustituir gas natural en calderas, reducir coque de petróleo en cementeras, valorizar residuos industriales complejos y, en el medio plazo, convertirse en vector para obtener moléculas renovables.

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